En referencia a las revelaciones privadas, videntes, apariciones y mensajes divinos. Por el Pbro. Miguel Pastorino

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“VIDENTES, APARICIONES Y MENSAJES DIVINOS”

Una aclaración sobre las revelaciones privadas y su valor eclesial [1]

 

Miguel Pastorino

Julio 2005

 

 

 

 

“Las apariciones de la Virgen son las que atraen más gente… A pesar de esta importancia innegable, el estatuto de las apariciones dentro de la Iglesia es muy modesto y está puesto en discusión… Muchas de ellas son toleradas, aunque no reconocidas oficialmente”. (René LAURENTIN)[2]

 

 

            En los últimos años se han estado difundiendo con mucha rapidez entre los fieles católicos una serie de libros y folletines con mensajes marianos o de ciertos videntes sin claras orientaciones, y sin aprobación eclesial. Esta literatura y algunos de sus promotores están tergiversando los contenidos de la fe católica en varios grupos de oración, generando no pocas veces una gran confusión teológica y espiritual, sino también un fanatismo iluminista que aleja de Cristo en lugar de llevarnos a él. No hemos encontrado nunca mala intención en sus difusores, pero es por su falta de orientación y formación, junto a cierta vehemencia por compartir sus “novedosos” mensajes y testimonios, que atropellan la ingenuidad de personas sencillas que están en una búsqueda sincera de Dios. Estos fenómenos –cuando son auténticos-, al igual que los escritos de muchos santos tienen por finalidad el llevarnos a Cristo; pero cuando nos quedamos en la mediación y no en lo que de verdad importa, es un signo de que se ha absolutizado lo relativo y se ha perdido la noción de lo realmente importante, la finalidad de todo esto, que es volver a Dios, volver a su Palabra, convertirnos constantemente a Jesucristo y a su Evangelio.

Hemos encontrado demasiada desorientación en torno al tema y muchas veces una imagen de Dios que contradice lo que nos ha sido revelado en Jesucristo. A nadie le esta prohibido leerlo en forma personal o por curiosidad, pero eso no significa que la Iglesia lo avale. Y aún en el caso de las devociones y “revelaciones privadas” aprobadas nunca hay que considerarlos como revelación directa de Dios, en el sentido de un dictado divino[3], ni mucho menos ponerlo como una novedad que agrega algo a lo ya revelado en Cristo de una vez para siempre. Porque si algo es claro en el cristianismo es que Jesucristo es la última Palabra de Dios a los hombres y en el se manifiesta la plenitud de la revelación de Dios para toda la humanidad (DV 5).

El mismo maestro espiritual san Juan de la Cruz nos advertía: “Si la fe ya está fundada en Cristo y en el Evangelio, no hay para qué preguntar más. En Cristo, Dios ya dijo todo lo que tenía que decir. Y buscar nuevas revelaciones y o visiones sería una ofensa a Dios, pues sería como sacar los ojos de Cristo, buscando alguna otra novedad[4].

Por otra parte, la mayoría de las veces que la Iglesia aprueba ciertas “revelaciones privadas”, lo que aprueba es el culto a tal o cual devoción y la autenticidad de la experiencia mística del vidente, pero no la calidad de sus escritos o mensajes. Aunque si los recomendara como lectura edificante, éstos no agregarían nada a lo ya revelado, y además nadie está obligado a creerlos, ya que no pertenecen al depósito de la fe de la Iglesia. No tienen el mismo valor que la revelación contenida en la Biblia[5].

En 1738 el Papa Benedicto XIV (dos años antes de ser nombrado Pontífice) publicó un tratado titulado: “La Beatificación de los Siervos de Dios”, donde escribe: “Las revelaciones privadas aunque hayan sido aprobadas por la Iglesia, no se les debe atribuir un asentimiento obligatorio. Por lo tanto uno puede rechazarlas y negarse a aceptarlas[6].

El mismo Catecismo de la Iglesia Católica nos aclara al respecto: :”A lo largo de los siglos hubo revelaciones llamadas privadas, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Guiados por el Magisterio de la Iglesia, los fieles deben discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia” (Nº 67). Y el mismo Concilio Vaticano II en su constitución dogmática sobre la Iglesia afirma: “El Romano Pontífice y los Obispos, por razón de su oficio y la importancia del asunto, trabajan celosamente con los medios oportunos para investigar adecuadamente y para proponer de una manera apta esta Revelación; y no aceptan ninguna nueva revelación pública como perteneciente al divino depósito de la fe”. (LG 25)

En el anterior Código de Derecho Canónico (1917) el canon 1385 prohibía “los libros y libelos que narran nuevas apariciones, revelaciones, visiones, profecías y milagros, o lanzan nuevas devociones, aun bajo el pretexto de que son privadas”. Fue Pablo VI quien abolió este canon en 1970, dando mayor libertad a estas manifestaciones, sin embargo él mismo advertía ya en 1964[7]:

 

Algunos piensan con ingenua mentalidad que la Virgen es más misericordiosa que Dios. Con juicio infantil sostienen que Dios es más severo que la Ley, y que necesitamos recurrir a la Virgen ya que, de otro modo Dios nos castigaría. Es cierto que la Virgen es intercesora, pero la fuente de toda bondad es Dios”.

 

¿Apariciones o Visiones?

 

            Según el sacerdote y médico francés Marc Oraison, toda aparición que se define como tal sería una alucinación (hay sanas y patológicas), ya que se trataría de una visión sin objeto material. Y tanto Dios puede valerse de este fenómeno para manifestarse, como puede ser una creación inconsciente del sujeto “vidente”. De ahí la complejidad del discernimiento, porque la diferencia está en los frutos espirituales, en el testimonio de la acción de Dios en la vida de la persona.

El especialista argentino en Biblia y fenómenos paranormales Ariel Álvarez Valdés escribe al respecto[8]:

Hay que distinguir entre “apariciones” y “visiones”. Una “aparición” es un hecho objetivo, que se produce fuera de nosotros, que no depende de quien lo capta, sino de quien se presenta.

Si alguien dice ver a la Virgen y nadie más la ve, se trata de una visión. Para que sea una aparición, debe producirse fuera de la persona, y ser captada por todos.

Todos los fenómenos marianos que se han registrado en la historia han sido siempre “visiones”, no “apariciones”… Apariciones fueron por ejemplo las de Cristo Resucitado a los Apóstoles.

Cuando son auténticas, tienen como finalidad la de santificar ante todo al vidente… Solo ella queda comprometida a vivir lo que los mensajes piden…es decir que no tienen una finalidad universal.

Sería absurdo que la Virgen diera un mensaje para que lo acatara todo el mundo, y que hiciera depender la salvación de la humanidad de que lo cumplan o no.

Cuando el Papa o un Obispo aprueban una determinada manifestación de la Virgen María, lo que aprueban es el culto, la devoción, el rezo bajo esa determinada forma. Pero no significa que se apruebe la visión, ni los mensajes (AAS, 1905, 373)

Resulta lamentable comprobar cómo muchísimos fieles, a la par que desconocen casi por completo las Sagradas Escrituras, se abocan con fruición a la lectura de estos supuestos mensajes del más allá.

 

 

 

¿El árbol se conoce por sus frutos?

 

            Muchos de los difusores de “nuevos mensajes” apelan a sus frutos espirituales como garantía de la autenticidad de sus revelaciones (conversiones, milagros, fervor en la fe, etc.). Y aunque por los frutos podemos deducir la acción de Dios, eso no significa que legitimen los mensajes como tales. No siempre la bondad de los frutos espirituales autentifican la mediación, porque son los mismos fieles que abiertos en la fe en Dios, invocando cualquier advocación mariana o en cualquier santuario, reciben alguna gracia especial del Señor. Es la iniciativa de Dios y la fe del creyente lo que hace posible el “encuentro”, la “conversión”, “el milagro”, pero no el vidente o la advocación tal o cual, y es la Iglesia (LG 1) el signo e instrumento de este encuentro, por lo cual no ha de entenderse como auténtico fuera de la misma.

El Teólogo venezolano J. Miguel Ganuza, experto en el tema del discernimiento de Apariciones Marianas afirmaba al respecto: La Iglesia tiene singular empeño en distinguir los frutos que puedan darse con ocasión de tales apariciones, y la verdad de ellas. Pueden no ser auténticas, y sin embargo, producir abundantes frutos…”[9]

El Card. Ratzinger respondía a una entrevista: “Uno de nuestros criterios decisivos es el de no confundir el juicio sobre la verdad sobrenatural de los hechos con los frutos espirituales que de ellos puedan proceder…”[10]

Por ejemplo, existen santuarios desde la Edad Media muy venerados con abundantes frutos espirituales, cuyas raíces históricas se hunden en la fantasía, y la mayoría de las veces no tienen base histórica. Y a pesar de tener un origen tal vez inexistente o legendario, esto no es obstáculo para que las peregrinaciones a estos lugares sean fructuosas e importantes para la vida del pueblo cristiano. Es decir que no siempre los buenos frutos autentifican la veracidad del mensaje recibido.

Por esta razón la Iglesia cuando no aprueba ciertos mensajes o declara la no sobrenaturalidad de ciertas manifestaciones extraordinarias, no necesariamente condena las peregrinaciones o el culto a esa nueva advocación, ya que muchas veces los frutos espirituales son visibles y enriquecedores para la vida personal de los fieles y para toda la Iglesia. De ahí que la caridad y la prudencia han de estar primero antes de condenar una nueva devoción, salvo que este en peligro la integridad de la fe de los fieles y se les esté descentrando de la fe en Cristo. Es ahí cuando la Iglesia aclara la no compatibilidad de ciertos mensajes, como sucedió recientemente en Argentina con Rosa Mística.

 

Los fenómenos paranormales: estigmas, visiones, y milagros: ¿signos de autenticidad?

 

            Muchos videntes o místicos apelan a los fenómenos paranormales que ocurren en torno a su experiencia religiosa para autentificar su discurso. Sin embargo son muchos los fenómenos de este tipo que se dan fuera del ámbito de la fe cristiana[11], razón por la cual no son un signo ni de la santidad de la persona, ni de la veracidad de su mensaje. Los fenómenos paranormales se dan también en personas no creyentes, y no son necesariamente obra de Dios por ser “signos de poder”.

            Por otra parte las llamadas “visiones”, que la psicología llama alucinaciones, pueden ser sanas o de orden patológico, lo cual requiere también la ayuda del discernimiento científico en estos casos. Y aunque se comprobara la normalidad de la visión (alucinación), es decir no patológica, esto no la legitima como de origen divino, sino simplemente como “normal”, como a mucha gente le suceden sin connotaciones religiosas[12].

Por lo tanto que exista un fenómeno de esa índole no significa una intervención de la gracia. No es ésta la clave para el discernimiento, sino que el juicio está en su compatibilidad con el resto de la Sagrada Escritura y la Tradición, junto a la escucha obediente de los pastores. San Pablo mismo nos advierte: “Pues sea maldito cualquiera –yo o incluso un ángel del cielo- que les anuncie un evangelio distinto del que yo les anuncié. Si alguno les anuncia un evangelio distinto del que han recibido, ¡caiga sobre él la maldición!.” (Gal. 1, 8-9)

            Son la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia quienes juzgan cualquier tipo de revelación privada y no al revés. Como afirmaba el Card. Joseph Ratzinger: “los videntes ven, la Iglesia interpreta”.

           

La avalancha de “apariciones”, “videntes” y géneros apocalípticos.

 

Se están difundiendo en nuestras parroquias y a través de visitas domiciliarias cientos de escritos de supuestos videntes y apariciones de la Virgen María, de ángeles, de Jesús y del Padre Pío,  que sin aprobación de la Iglesia, se están desparramando entre los fieles sin claridad en cuanto a su valor. Incluso muchos de los fanáticos difusores de todos estos mensajes utilizan como táctica proselitista para captar más fieles, la supuesta simpatía del Papa hacia estos videntes o sus mensajes. Pero una foto con el Papa, o una visita del mismo a un Santuario Mariano, no significa nada en cuanto a la obligación de la Iglesia de adherirse ésta o aquella devoción. Que Juan Pablo II haya hecho comentarios piadosos al respecto de alguna aparición de la Virgen –por su amor y devoción a María-, eso no significa que tenía intención de obligar a toda la Iglesia a creer en tal o cual aparición.

La mayoría de las veces, es tal su fanatismo, que si uno no adhiere a su vidente o no se lee sus mensajes, sería un apóstata, un falto de fe, un cristiano a medias, o un cegado por la astucia de Satanás.

            Son muchas las páginas de Internet y toneladas de folletines donde se hacen listados de sacerdotes, obispos y cardenales que habrían sido tomados por Satanás por no escuchar los “mensajes” de Jesús, de María o de algún arcángel. Razón por la cual se colocan por encima de toda autoridad, aunque en su doble discurso digan que siguen las enseñanzas del Papa. Pero como ¡lo dice la Virgen! ¿Quién puede oponerse? He ahí el iluminismo fundamentalista.

Se caracterizan por un tono apocalíptico y se creen los heraldos de María para salvar a la Iglesia de la Apostasía, como si el Espíritu Santo se hubiera fugado de Iglesia y se les reservara sólo a ellos el don del discernimiento, ya que la Virgen o Jesús les comunicó su “última voluntad” y hubo un “cambio de planes”, que sólo ellos saben.

            Por otra parte, algunos de estos mensajes, muchas veces presentan una imagen de Dios Padre antievangélica: un Dios que tiene una ira incontenible y que si no fuera por la fuerza intercesora de María ya nos habría aplastado con fuego, azufre y torrentes de calamidades. ¿Ese es el Dios que nos reveló Jesús? ¿La Virgen María más misericordiosa que Dios?

            Varios de estos movimientos espirituales tienen elementos muy positivos y enriquecedores para la fe de muchos fieles, que gracias a éstos han llegado a la Iglesia y a experimentar una verdadera conversión. Sin embargo muchos de ellos encierran también elementos ambiguos y confusos en torno a nuestra fe y a su compatibilidad con el Evangelio de Jesús. Y el problema más grande no está en sus contenidos –solamente-, sino en la importancia que atribuyen a los requisitos para ser un “verdadero cristiano”, como ayunar varias veces a la semana, rezar una cantidad considerable de rosarios, y hacer peregrinaciones a su santuario particular, so pena de no ser un cristiano realmente “convertido y fiel a la Virgen”. Una especie de elitismo gnóstico donde el que no conoce éstos mensajes es un creyente de segunda categoría. Parecería que si uno no adhiere a la “verdadera” espiritualidad querida por Jesús o por la Virgen María estaría caminando por “sendas de perdición” y no estaría haciendo la voluntad de Dios. Para peor, la pobre gente que por “hacerle caso a la Virgen” sigue a más de uno de estos movimientos a la vez, terminará ayunando casi todos los días y rezando un listado interminable de plegarias necesarias para aplacar el castigo inminente de Dios. ¡Vaya cristianismo! Esto se parece más a las religiones paganas que exigen sacrificios para calmar la ira de un dios temible, que al Dios revelado en la Biblia que no ha venido para condenar, sino para salvar. El Dios de Jesús no es ambivalente, es exclusivamente amor y bondad, y el “castigo” consiste en rechazar su amor y la oferta de salvación, en la radical libertad que nos dio de autodestruirnos, pero no en que el dicte una sentencia o se dedique a enviar amenazas. ¿Qué mayor infierno que vivir sin Dios, sin amor, sin vida?

Tampoco queremos generalizar, porque también es verdad que muchas personas han llegado a la fe mediante estos mensajes, y algunos de los fieles que adhieren al mensaje de una vidente particular, se someten al juicio de la Iglesia y saben ubicarse, pero lamentablemente no siempre es así.

 

Cambios de milenio y fundamentalistas apocalípticos

 

            A lo largo de la historia siempre han surgido grupos milenaristas, videntes y mensajes de finales terribles cada vez que hubo un cambio de milenio o de siglo, y nuestro terminado siglo XX nos dejó una herencia de pseudoprofetas de calamidades que amenazan con días de tribulación si no hay conversiones en forma urgente y masiva.

            Sin duda que estas cosas atraen mucho, y la sed de novelerías, de experiencias místicas y milagros inesperados es una nota de nuestra época, donde el movimiento New Age está haciendo lo mismo en su versión gnóstica y esotérica.

            Sólo escuchan a la jerarquía cuando les acompañan en sus cometidos, sin embargo no acatan ninguna autoridad pastoral, y si no se los aprueba, sería la Jerarquía la que se equivoca persiguiéndoles injustamente. Y con el fundamentalismo bíblico que les caracteriza buscarán citas bíblicas para sentirse perseguidos por causa de la verdad y del Evangelio y siempre tienen una respuesta fanática y reduccionista para no aceptar sus excesos y falta de apertura a las orientaciones de la Iglesia. Lo típico de la mentalidad fundamentalista es no aceptar ningún tipo de críticas, y menos que les relativicen lo que ellos absolutizan.

            El especialista español Manuel Guerra Gómez se pregunta: “¿Se transformarán muchos de éstos grupos en sectas separadas de la Iglesia por creerse ellos los portadores del “verdadero mensaje” de Dios?[13]. En algunos centros de culto de estas nuevas “apariciones” muchos sacerdotes han sido suspendidos por su desobediencia al Obispo y actitudes escandalosas, creando división en lugar de paz. Aunque después son reinterpretados como mártires por la fe, ya que nunca les ven defectos a sus líderes, siempre son los demás los que se equivocan, los que los persiguen injustamente. Y encontrarán algún mensaje de María que les anunció que serán perseguidos por la falta de fe que reina en el mundo o porque es la hora de Satanás.

            Tal vez muchas de estas afirmaciones molesten a algún fanático, y según su esquema fundamentalista dirán que quien escribe esto es un ateo cegado por Satanás, antimariano, racionalista, y que ha perdido la fe. Sin embargo es justamente por la misma fe, y amor a la Iglesia, por la misma fuerza de la verdad evangélica que hay que poner luz donde hay tanta duda y confusión, saliendo al paso para aclarar algunas de las tantas confusiones religiosas que andan por nuestras comunidades. Porque son muchos los fieles que por falta de claridad caen presos de grupos fanáticos que les hacen creer cosas que están fuera de la fe de la Iglesia, como si esas presuntas verdades fueran más importantes que todo lo revelado en Jesucristo.

            El andar a oscuras, reuniéndose sin avisar a los Párrocos, difundiendo sin permiso del Obispo local sus mensajes en lugares de culto, no parece hablar muy bien de éstos “profetas de los últimos tiempos” que creen estar por encima de todo discernimiento eclesial.

            Muchos de ellos creen que cada Obispo es un delegado del Papa, como si todo lo que se aprueba en Roma tiene que estar en una diócesis. Pero no es así en la Iglesia.

            El Concilio Vaticano II afirma claramente: Los Obispos rigen, como  vicarios y legados de Cristo, las Iglesias particulares que les han sido encomendadas…y no deben ser considerados como vicarios de los Romanos Pontífices, ya que ejercen potestad propia y son, en verdad, los jefes de los pueblos que gobiernan. Así pues, su autoridad no es anulada por la potestad suprema y universal, sino que, por el contrario, es afirmada, robustecida y defendida.” (LG 27)

            La Santa Sede respeta y reafirma como primera instancia –en estos casos- la decisión del Obispo local frente a una manifestación de este tipo, y sólo emite una declaración después que el Obispo diocesano se ha pronunciado.

            Mucha de esta gente tiene buenas intenciones y creen que lo hacen por una causa justa y en fidelidad a Dios, pero alguien tiene que ayudarles a discernir, y el Card. Ratzinger (Hoy Papa Benedicto XVI) es quien ha dicho más claramente los puntos clave en este tema.

 

 

El valor y el sentido de las revelaciones privadas según el Card. RATZINGER

 

            El 26 de junio del año 2000, el Card. Joseph Ratzinger como prefecto para la Congregación de la Doctrina del fe publica un “Comentario teológico al tercer secreto de Fátima”, donde aborda de manera brillante el tema de las revelaciones privadas.

 

A continuación copiamos fragmentos del texto,  porque vale la pena leerlo directamente: (Se lo puede encontrar completo en http://www.zenit.org)

 

            “La doctrina de la Iglesia distingue entre la «revelación pública» y las «revelaciones privadas». Entre estas dos realidades hay una diferencia, no sólo de grado, sino de esencia. El término «revelación pública» designa la acción reveladora de Dios destinada a toda la humanidad, que ha encontrado su expresión literaria en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se llama «revelación» porque en ella Dios se ha dado a conocer progresivamente a los hombres, hasta el punto de hacerse él mismo hombre, para atraer a sí y para reunir en sí a todo el mundo por medio del Hijo encarnado, Jesucristo. No se trata, pues, de comunicaciones intelectuales, sino de un proceso vital, en el cual Dios se acerca al hombre; naturalmente en este proceso se manifiestan también contenidos que tienen que ver con la inteligencia y con la comprensión del misterio de Dios. El proceso atañe al hombre total y, por tanto, también a la razón, aunque no sólo a ella.

            Puesto que Dios es uno solo, también es única la historia que él comparte con la humanidad; vale para todos los tiempos y encuentra su cumplimiento con la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo. En Cristo Dios ha dicho todo, es decir, se ha manifestado así mismo y, por lo tanto, la revelación ha concluido con la realización del misterio de Cristo que ha encontrado su expresión en el Nuevo Testamento.     

            El Catecismo de la Iglesia Católica, para explicar este carácter definitivo y completo de la revelación, cita un texto de San Juan de la Cruz: «Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra…; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado todo en Él, dándonos al Todo, que es su Hijo…

            “…El Concilio Vaticano II señala tres maneras esenciales en que se realiza la guía del Espíritu Santo en la Iglesia y, en consecuencia, el «crecimiento de la Palabra»: éste se lleva a cabo a través de la meditación y del estudio por parte de los fieles, por medio del conocimiento profundo, que deriva de la experiencia espiritual y por medio de la predicación de «los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad»” (Dei Verbum, 8).

En este contexto es posible entender correctamente el concepto de «revelación privada», que se refiere a todas las visiones y revelaciones que tienen lugar una vez terminado el Nuevo Testamento; es ésta la categoría dentro de la cual debemos colocar el mensaje de Fátima.

 

Se deben aclarar dos cosas:

1. La autoridad de las revelaciones privadas es esencialmente diversa de la única revelación pública: ésta exige nuestra fe; en efecto, en ella, a través de palabras humanas y de la mediación de la comunidad viviente de la Iglesia, Dios mismo nos habla. La fe en Dios y en su Palabra se distingue de cualquier otra fe, confianza u opinión humana. La certeza de que Dios habla me da la seguridad de que encuentro la verdad misma y, de ese modo, una certeza que no puede darse en ninguna otra forma humana de conocimiento. Es la certeza sobre la cual edifico mi vida y a la cual me confío al morir.

2. La revelación privada es una ayuda para la fe, y se manifiesta como creíble precisamente porque remite a la única revelación pública. El Cardenal Próspero Lambertini, futuro Papa Benedicto XIV, dice al respecto en su clásico tratado, que después llegó a ser normativo para las beatificaciones y canonizaciones: «No se debe un asentimiento de fe católica a revelaciones aprobadas en tal modo; no es ni tan siquiera posible. Estas revelaciones exigen más bien un asentimiento de fe humana, según las reglas de la prudencia, que nos las presenta como probables y piadosamente creíbles». El teólogo flamenco E. Dhanis, eminente conocedor de esta materia, afirma sintéticamente que la aprobación eclesiástica de una revelación privada contiene tres elementos: el mensaje en cuestión no contiene nada que vaya contra la fe y las buenas costumbres; es lícito hacerlo publico, y los fieles están autorizados a darle en forma prudente su adhesión (E. Dhanis, «Sguardo su Fatima e bilancio di una discussione», en: «La Civiltà Cattolica» 104, 1953, II. 392-406, en particular 397). Un mensaje así puede ser una ayuda válida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el momento presente; por eso no se debe descartar. Es una ayuda que se ofrece, pero no es obligatorio hacer uso de la misma.

El criterio de verdad y de valor de una revelación privada es, pues, su orientación a Cristo mismo. Cuando ella nos aleja de Él, cuando se hace autónoma o, más aún, cuando se hace pasar como otro y mejor designio de salvación, más importante que el Evangelio, entonces no viene ciertamente del Espíritu Santo, que nos guía hacia el interior del Evangelio y no fuera del mismo. Esto no excluye que dicha revelación privada acentúe nuevos aspectos, suscite nuevas formas de piedad o profundice y extienda las antiguas. Pero, en cualquier caso, en todo esto debe tratarse de un apoyo para la fe, la esperanza y la caridad, que son el camino permanente de salvación para todos.

 

La estructura antropológica de las revelaciones privadas

 

Una vez que con las precedentes reflexiones hemos tratado de determinar el lugar teológico de las revelaciones privadas… debemos aún intentar aclarar brevemente un poco su carácter antropológico (psicológico). La antropología teológica distingue en este ámbito tres formas de percepción o «visión»: la visión con los sentidos, es decir la percepción externa corpórea, la percepción interior y la visión espiritual («visio sensibilis – imaginativa – intellectualis»). Está claro que en las visiones de Lourdes, Fátima, etc. no se trata de la normal percepción externa de los sentidos: las imágenes y las figuras, que se ven, no se hallan exteriormente en el espacio, como se encuentran un árbol o una casa. Esto es absolutamente evidente, por ejemplo, por lo que se refiere a la visión del infierno (descrita en la primera parte del «secreto» de Fátima) o también la visión descrita en la tercera parte del «secreto», pero puede demostrarse con mucha facilidad también en las otras visiones, sobre todo porque no todos los presentes las veían, sino de hecho sólo los «videntes». Del mismo modo es obvio que no se trata de una «visión» intelectual, sin imágenes, como se da en otros grados de la mística. Aquí se trata de la categoría intermedia, la percepción interior, que ciertamente tiene en el vidente la fuerza de una presencia que, para él, equivale a la manifestación externa sensible….

…La «visión interior» no es una fantasía, sino una propia y verdadera manera de verificar, como hemos dicho. Pero conlleva también limitaciones. Ya en la visión exterior está siempre involucrado el factor subjetivo; no vemos el objeto puro, sino que llega a nosotros a través del filtro de nuestros sentidos, que deben llevar a cabo un proceso de traducción. Esto es aún más evidente en la visión interior, sobre todo cuando se trata de realidades que sobrepasan en sí mismas nuestro horizonte. El sujeto, el vidente, está involucrado de un modo aún más íntimo. Él ve con sus concretas posibilidades, con las modalidades de representación y de conocimiento que le son accesibles. En la visión interior se trata, de manera más amplia que en la exterior, de un proceso de traducción, de modo que el sujeto es esencialmente copartícipe en la formación como imagen de lo que aparece. La imagen puede llegar solamente según sus medidas y sus posibilidades. Tales visiones nunca son simples «fotografías» del más allá, sino que llevan en sí también las posibilidades y los límites del sujeto perceptor.


Esto se puede comprender en todas las grandes visiones de los santos; naturalmente, vale también para las visiones de los niños de Fátima. Las imágenes que ellos describen no son en absoluto simples expresiones de su fantasía, sino fruto de una real percepción de origen superior e interior, pero no son imaginaciones como si por un momento se quitara el velo del más allá y el cielo apareciese en su esencia pura, tal como nosotros esperamos verlo un día en la definitiva unión con Dios. Más bien las imágenes son, por decirlo así, una síntesis del impulso proveniente de lo Alto y de las posibilidades de que dispone para ello el sujeto que percibe, esto es, los niños. Por este motivo, el lenguaje imaginativo de estas visiones es un lenguaje simbólico. El Cardenal Sodano dice al respecto: «… no se describen en sentido fotográfico los detalles de los acontecimientos futuros, sino que sintetizan y condensan sobre un mismo fondo, hechos que se extienden en el tiempo según una sucesión y con una duración no precisadas». Esta concentración de tiempos y espacios en una única imagen es típica de tales visiones que, por lo demás, pueden ser descifradas sólo a «posteriori». A este respecto, no todo elemento visivo debe tener un concreto sentido histórico. Lo que cuenta es la visión como conjunto, y a partir del conjunto de imágenes deben ser comprendidos los aspectos particulares. Lo que es central en una imagen se desvela en último término a partir del centro de la «profecía» cristiana en absoluto: el centro está allí donde la visión se convierte en llamada y guía hacia la voluntad de Dios.”

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Es preciso hacer distinciones: ¡No todos son iguales!

 

Hay cientos de librillos de mensajes de confuso origen y que ni siquiera los propios Obispos conocen, razón por la cual deberíamos rechazarlos de plano hasta no estar enterados del discernimiento de la Iglesia al respecto.

Me detendré en algunas de las devociones más difundidas en nuestro contexto, dejando en claro que si bien no han sido condenadas por la Iglesia,  tampoco han sido aprobadas, aunque entre ellas hay diferentes juicios por parte de la jerarquía y no están consideradas del mismo modo.

 

1. Apariciones de la Virgen (la “Gospa”) en Medjugorje, cuyos mensajes los difunde el movimiento “María Reina de la Paz” cuya central se encuentra en Miami (Florida Center For Peace). De todos los movimientos aparicionistas existentes es el mejor visto por varios teólogos, pastoralistas, y muchos obispos y sacerdotes de todo el mundo. Sin embargo la Santa Sede prohíbe que se realicen peregrinaciones oficiales a Medjugorje, ya que tan solo pueden realizarse a nivel privado, y la Congregación para la Doctrina de la Fe le concede la primera instancia de discernimiento a los Obispos locales. Y tanto la Conferencia Episcopal de la Ex Yugoslavia, como Mons. Peric, obispo local de Mostar (Bosnia-Herzegovina) no encuentran ningún evento sobrenatural en la experiencia paranormal de los videntes, ni tampoco aprueban los mensajes, aunque acompañan como Pastores a los fieles de dicha parroquia como a los peregrinos que viajan cada año. Es de conocimiento público también que varios sacerdotes franciscanos han sido suspendidos por desobediencia y escándalos debidos a su fanatismo y contradicciones permanentes con las apariciones, así como su resistencia a ser removidos de sus Parroquias, lo cual ameritó una intervención de la Santa Sede. Como las supuestas apariciones no han terminado aún (desde 1981 en que comenzaron), la Iglesia se abstiene de dar un juicio definitivo y permite a los fieles cualquier expresión de piedad, siempre y cuando no se quiera autentificar las apariciones de Medjugorje.[14]  Está muy extendido, ha dado importantes frutos espirituales, vocaciones, importantes conversiones y es el mejor tolerado  de todos, pero si no está bien acompañado suelen caer en los mismos excesos que otros grupos devotos de alguna “aparición”, preocupándose por seguir los mensajes en lugar de centrarse en la Palabra de Dios y obedecer a sus Pastores.

 

2. Vassula Ryden, esta vidente de origen ortodoxa griega, es cuestionada por numerosos especialistas en estos temas, y no han encontrando en ella rasgos claros de coherencia con respecto a los fenómenos típicos de cualquier vidente. Siempre han difundido falsas “aprobaciones oficiales”, y últimamente están difundiendo una supuesta aprobación del Card. Ratzinger, pero la verdad es que no tienen aún ningún tipo de aprobación por parte de la Santa Sede, y esto nos ha sido confirmado por la Conferencia Episcopal Suiza en febrero de este año[15].

El mismo M. Guerra sintetiza la amonestación de la Santa Sede de 1995 (todavía vigente): “ambigüedad en su doctrina trinitaria, un estilo milenarista con “una era de paz y de bienestar universal antes de la venida definitiva de Cristo”, “la próxima llegada de una era pancristiana”, etc.[16]

 

3. Padre Stefano Gobbi y el Movimiento Sacerdotal Mariano. También goza de prestigio en algunos ambientes y tiene cientos de sacerdotes adheridos, pero además de no estar aprobado es el que tiene mayor cantidad de cuestiones teológicas bastante dudosas en sus mensajes de tono apocalíptico. Sus superiores le han pedido que no fuera el director espiritual del movimiento.

 

4. Rosa Mística. Si bien el culto a esta imagen es aceptado y se acompaña a sus peregrinos, recientemente los Obispos argentinos declararon al respecto de sus mensajes: “Un examen atento del contenido de los mensajes me permite afirmar que éstos no pueden ser considerados como una auténtica revelación privada, fruto de una intervención especial de Dios. Además de notables ambigüedades, contienen serios errores acerca de la vida cristiana y afirmaciones contrarias a la fe católica. Su difusión pone en serio riesgo la salud espiritual de los fieles. Mantengo por tanto el pedido explícito de no difundirlos ni en parte ni en su totalidad, y de no usarlos para la oración o la enseñanza”[17].

 

“Examínenlo todo y retengan lo bueno”

 

Las revelaciones privadas son muchas veces una ayuda para la fe, y no son pocos los cristianos que han llegado a Cristo y a su Iglesia a través de estos mensajes, y de sus grupos de oración, razón por la cual la Iglesia es prudente a la hora de pronunciarse sobre el tema. Muchos de estos videntes han tenido auténticas experiencias de fe, verdaderas gracias concedidas por Dios, pero también están teñidas de su propia subjetividad y de la piedad de su época. Pensemos por ejemplo en la cantidad de videntes que han tenido “visiones” sobre el purgatorio o el infierno cargados con la imaginería de la época y alejados de la doctrina de la Iglesia.

No se puede tomar una revelación privada como si fuera un dictado de Dios, salteándose la mediación del vidente que no es un “canal puro” de un mensaje divino. Eso se parecería más al espiritismo que a la tradición cristiana. El problema es que mucha gente sencilla no distingue la calidad de una llamada “revelación” de la Biblia, sino que se generaliza como si todo fuera “Palabra de Dios” al mismo nivel.

Creemos importante en estos casos poner las cosas en su lugar. No se niegan los frutos y la ayuda espiritual que la lectura de estos mensajes (los aprobados) otorgan a los fieles, pero no pueden presentarse como novedades de Dios que no nos haya dicho antes, y menos el disparate de ponerla por encima de la Biblia. Muchos dicen saber esto, pero en la práctica sus mensajes están primero porque dedican horas a leer sus libritos, mientras que de la Biblia apenas leen un versículo y lo interpretan con la ayuda de “los mensajes”.

El problema es que tampoco sabe mucha gente que las aprobadas como Fátima, o Lourdes, tienen aprobación del culto y de la experiencia del vidente como auténtica, pero eso no significa que sus mensajes deban ser interpretados como comunicaciones divinas en sentido literal, como bien lo explicó en el año 2000 el entonces Card. Ratzinger.

Espero que los frutos espirituales de aquellos movimientos que dicen estar “bien encaminados” los lleven cada vez más hacia Cristo y su Iglesia y se vayan purificando de aquellas cosas de las que la Iglesia como Madre les pide que dejen de lado.

 

Preguntas para nuestra pastoral.

 

            Es interesante observar que todos estos mensajes utilizan el lenguaje y estilo de los catecismos antiguos y de olvidados manuales de piedad, como si en ello encontraran una mayor fidelidad a la fe cristiana auténtica. ¿No nos habla esto de un gran vacío doctrinal y espiritual en nuestra pastoral? En muchas de nuestras parroquias hay clases de tejido, yoga, merenderos, Alcohólicos Anónimos, y eso está muy bien, pero lo propio de la misión evangelizadora de la Iglesia está en algún freezer. Evangelización kerygmática, enseñanza sobre la Biblia, propuestas de crecimiento en la fe, acompañamiento espiritual, retiros espirituales, y grupos de oración brillan por su ausencia, más bien aparecen en la propaganda de cualquier secta, pero no en nuestras carteleras parroquiales.

            El sociólogo y teólogo español José María Mardones escribe al respecto de los nuevos caminos de la religiosidad: “…Hay sed de experiencia del Misterio. Y hay hartazgo de ideologías, de recomendaciones moralistas, de rituales y sacramentalismos rutinarios y carentes de alma. Se busca percibir el hálito del Misterio y del Espíritu, donde la oferta religiosa pierda el anonimato de la masa y se transforme en don para cada individuo. De ahí el acento más interiorista, afectivo e individual-grupal que tiene esta sensibilidad mística, neo-esotérica, ecléctica y nebulosa de nuestro tiempo…

…No hemos sabido hacer las cosas. Hemos caído en el acartonamiento ritual, sacramental y catequético; hemos vaciado la religión de misterio con tanta moralización y tanta rutina. Los espíritus deseosos de encontrarse con Dios han encontrado ideologías progresistas o conservadoras, pero no experiencia interior; por eso se han marchado por otros caminos a veces disparatados”. (1996)

 

A la hora de responder a estos desafíos, el Papa Juan Pablo II afirmaba en la Exhortación Apostólica Postsinodal “Ecclesia in América” (Nº 73):

 “…hay que preguntarse si una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades materiales de los destinatarios no haya terminado por defraudar el hambre de Dios que tienen esos pueblos, dejándolos así en una situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual. Por eso, « es indispensable que todos tengan contacto con Cristo mediante el anuncio kerygmático gozoso y transformante, especialmente mediante la predicación en la liturgia ». Una Iglesia que viva intensamente la dimensión espiritual y contemplativa, y que se entregue generosamente al servicio de la caridad, será de manera cada vez más elocuente testigo creíble de Dios para los hombres y mujeres en su búsqueda de un sentido para la propia vida.Para ello es necesario que los fieles pasen de una fe rutinaria, quizás mantenida sólo por el ambiente, a una fe consciente vivida personalmente. La renovación en la fe será siempre el mejor camino para conducir a todos a la Verdad que es Cristo”.

 

*En caso de que alguien desee leer completos los documentos citados, especialmente el documento del Card. Ratzinger sobre Fátima, las declaraciones del Obispo Peric sobre Medjugorje, asi como la declaración del Arzobispo de Mendoza sobre Rosa Mïstica, o los informes sobre la sra. Vassula Ryden podemos enviarlas por e mail.

 

Puede solicitar este material escribiendo a SEAS Uruguay:  sectas@montevideo.com.uy

 


[1] Artículo publicado en el Quincenario “Entre Todos” de la Arquidiócesis de Montevideo, en el mes de julio de 2005.

[2] Nuevo Diccionario de Mariología, Paulinas, 2000, voz: “Apariciones”.

[3] TORRES Queiruga, Andrés, “Revelación”, en 10 Palabras clave en Religión, Verbo Divino, Navarra, 2000.

[4] San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo, libro II, cap. 22.

[5] VENTUROLI, Alberto, “El valor de las revelaciones privadas”, en L´Osservatore Romano, 7 de abril de 1995.

[6] Benedicto XIV, Opera Omnia. De Servorum Dei Beatificatione et Beatorum Canonizatione, Roma, 1841, tomo II, cap. XXXII. Lo mismo es reafirmado por Pío XI en la encíclica Pascendi, del 8 de setiembre de 1907.

[7] L´Osservatore Romano, 18 de agosto de 1964

[8] ALVAREZ VALDÉS, Ariel, ¿Existen las apariciones de la Virgen? La respuesta de la Biblia, Ed. Lumen, 1996.

[9] GANUZA, Juan Miguel, Apariciones Marianas. Criterios teológicos de discernimiento. Conferencia dictada en el acto solemne de la Academia Mariana de Caracas del 2 de Febrero de 1991.

[10] GANUZA, Juan Miguel, Idem.

[11] PILÓN, J.M., 10 palabras clave en Parapsicología, Verbo Divino, 1999.

[12] GROMM, Bernhard, Psicología de la Religión, Herder, Barcelona, 1994, “Vivencias de visión”, 324-360.

[13] Diccionario Enciclopédico de las Sectas, BAC, Madrid, 2002, voces: “Visiones”, “Revelaciones nuevas”.

[14] Respuesta del Monseñor Tarcisio Bertone, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a un obispo francés que pedía aclaraciones sobre la cuestión de Medjugorje, 26 de mayo de 1998.

[15] Respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe a la consulta realizada por la Conferencia Episcopal Suiza, 23 de febrero de 2005. Material cedido por María Laura Pío, especialista en el tema.

[16] Diccionario Enciclopédico de las Sectas, BAC, Madrid, 2002, “revelaciones nuevas”, p. 807.

[17]29 de mayo de 2005, Mons. J.M. Arancibia, Arzobispo de Mendoza

 

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